Poema de amor en versos dodecasílabos

Belisario Roldán – El exilio necesario

                El viento que pasa rezando su rezo,

                la fronda, el silencio, los pájaros, Dios…

                ¡Vámonos, amada, donde está todo eso;

                Quedémonos solos con nosotros dos!

*

                Hundamos las almas en lo más profundo

                del bosque lejano donde está la paz

                y ante cuyos lindes se detiene el mundo…

                ¡He vivido tanto para los demás!

*

                No necesitamos del embravecido

                rumorear eterno y ensordecedor;

                si las vanidades viven del ruido,

                solo del silencio se nutre el amor…

*

                Salvemos, huyendo de los resplandores,

                la razón suprema de nuestro vivir,

                porque ciertas ansias como ciertas flores

                deben estar solas para no morir…

*

                El viento que pasa rezando su rezo,

                la fronda, el silencio, los pájaros, Dios…

                !Vámonos, amada, donde está todo eso;

                quedémonos solos con nosotros dos!

Belisario Roldán realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional. Ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en 1889 y se doctoró en Jurisprudencia en 1896 pero no ejerció la profesión de abogado y se dedicó al periodismo. Militó en las filas de la Unión Cívica Nacional y fue elegido diputado nacional en 1902. Fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua. Dejó como legado cinco libros de poemas:

La senda encantada.

Bajo la toca de lino.

Letanías de la Tarde.

Llamas en la noche

Poesías completas.

También cuenta su obra con dos tomos de narrativa, Cuentos de amargura (1917) y Las venas del arrabal (1920). Como dramaturgo ha escrito, Los contagios(1915), Las últimas violetas (1919, con música incidental de Andrés Gaos), El puñal de los troveros (1921), Luz de hoguera, Cosas de París, y El rosal de las ruinas, entre un total de 29 obras. Fue un gran orador: en 1909 se le encomendó asistir a la inauguración del monumento al general José de San Martín en Boulogne-sur-Mer (Francia), donde pronunció una recordada pieza oratoria que comienza: «Padre nuestro que estás en el bronce». Víctima de una grave enfermedad, decidió suicidarse en Alta Gracia el 17 de agosto de 1922. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires.

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